V Foro Latinoamericano de Información, LatinBase
'97
Organización y Productos de Información
Generación de Productos de
Calidad en Internet
Por Grete Pasch,
gpasch@gslis.utexas.edu
El URL de este documento es http://www.gslis.utexas.edu/~gpasch/cal.doc.html
Generar un producto para Internet es un tanto como hacer pan. Los componentes básicos son obvios: harina, agua y levadura—o en nuestro caso: datos, software, y muchas ganas de crear un producto. Pero así como un buen pan no se hace en una hora, un buen producto de Internet no se arma en un día. El proceso requiere mucha paciencia, además de ingredientes frescos, experiencia técnica, y otros factores que veremos más adelante.
Sobre todo, no debemos olvidar que para generar un producto de calidad debemos buscar la satisfacción de los usuarios. También es necesario dar a conocer el producto, idealmente, creando una comunidad de consumidores satisfechos a su alrededor. Dada esta orientación al usuario, encontramos que la definición de "calidad" resulta bastante elusiva. En el mundo heterogéneo de Internet, ya no podemos guiarnos por un sólo standard aceptado, sino todo lo contrario: surgen diversas comunidades tanto pequeñas como grandes, todas con gustos y necesidades diferentes. Un ejemplo es el cambio que Internet está causando en la definición del arte visual. En las palabras de Anita Pantin, artista venezolana que trabaja con acuarelas reales y digitales:
Muchas de las imágenes que ves ahora no las producen personas educadas en arte, sino los usuarios de Internet, los "nerdos", los muchachos y muchachas de 15 años que están llenando el mundo con sus imágenes... Rápidamente, vamos hacia una nueva concepción de lo que es "artístico". Me intriga ver cómo nuestros estándares evolucionan, ya que incluso los especialistas de arte buscan estas nuevas fuentes para nutrirse. (Pasch, 47)
Internet difiere tanto del medio impreso, que nos vemos forzados a redefinir "un producto de calidad"—incluso aquí, nótese que ya no podemos referirnos a una "publicación de calidad" dadas las diferencias entre nuestra definición aceptada de lo que constituye una "publicación", y lo que sucede en el Internet, donde cada individuo se puede constituír en su propia casa editorial, y donde la "obra" que se produce es física y esencialmente diferente de lo que es, por ejemplo, un libro.
A pesar de estas dificultades, y de los cambios que se ven en el horizonte cercano, en este trabajo describo el consenso actual sobre lo que constituye un producto de calidad y cómo se logra su producción. Lo que intentamos encontrar son los factores que pueden observarse en los productos de información y que inciden en su calidad. En general, las guías de evaluación que listan estos factores tienden a enfocarse principalmente en productos de World Wide Web. Veamos algunos ejemplos:
1. Ann Scholz (1996), bibliotecaria en Purdue University, aconseja determinar quién es el autor, si el producto está avalado por una institución, cuál es el propósito del documento y cuándo fue actualizado. Scholz propone una lista de preguntas de chequeo, cuyas respuestas pueden ayudar al evaluador a concluír si esas páginas de Web son o no adecuadas para el propósito que se tiene en mente.
2. Susan E. Beck (1997) de la Universidad Estatal de Nuevo México, también presenta una lista de preguntas para guiar la evaluación. Los cinco criterios que sigue son: exactitud, autoridad, objetividad, actualización, y cobertura.
3. Laura B. Cohen (1997) es la Network Services Librarian (Bibliotecaria del Servicio de Redes) para el sistema bibliotecario de la Universidad de Nueva York, Albany. Los criterios que presenta son: audiencia esperada, autoridad del creador, contenido (exactitud, balance, calidad, rango, actualización), y estilo.
4. Esther Grassian (1997), del College Library de la Universidad de California en Los Angeles, considera el contenido, su cobertura, la fuente y fechas de creación y revisión, y la estructura del documento.
5. Robert Harris (1997) describe cuatro características en detalle: credibilidad, exactitud, razonabilidad, y legitimidad de la información. También incluye varios "tests" que pueden indicar si dichas características no se cumplen satisfactoriamente.
Otras guías de evaluación pueden encontrarse a través de la extensa lista de Matthew T. Ciolek e Irena M. Goltz (1997), y en las bibliografías compiladas y actualizadas por Nicole Auer (1997), Jeff Beck (1997), Alastair Smith (1997a), así como en la guía de la Widener Library. Estas y otras listas similares pueden servir como base para crear un instrumento específico de evaluación.
Es interesante notar que en general, estas guías de evaluación siguen metodologías similares a las utilizadas para evaluar documentos impresos, o sea, se concentran en evaluar los criterios tradicionales relacionados con la validez del contenido. Algunos autores han intentado adaptar los criterios tradicionales a los nuevos medios. Por ejemplo, al hablar de la calidad de una base de datos, Ma. Angela Torres Verdugo y Carmen García Colorado (1997) aconsejan evaluar la fuente de la información siguiendo ciertos criterios como base: si "cuentan con un cuerpo académico responsable de la publicación (Consejo o Comité Editorial), a aspectos editoriales como presentación formal, tipo de papel, errores tipográficos, referencias incompletas o mal citadas, autores mal asentados, imprecisión o falta de fecha de publicación, falta de periodicidad definida, etc." (Sección 2.1.2.1) Alexander y Tate (1997) comparan cinco criterios tradicionales para la evaluación de fuentes impresas (exactitud, autoridad, objetividad, actualización, y cobertura) a recursos de información en Web.
Otros autores intentan centrarse en el usuario final del producto. Carolyn Caywood (1995), en uno de los primeros trabajos publicados sobre este tema, se orienta un poco más hacia las necesidades del usuario. Caywood indica que la facilidad de acceso y la calidad del diseño son tan importantes como el contenido mismo del producto. Alastair Smith (1997) incluye factores como el tipo de conexión y software necesarios para accesar el recurso, la facilidad de búsqueda para el usuario, y la interactividad del producto. Hope Tillman (1997), directora de las bibliotecas de Babson College, espera que el producto dé alguna indicación del tipo de audiencia esperada, la cobertura que se ofrece, el tipo de información incluída, la velocidad de conexión esperada, etc. En otras palabras, podríamos decir que además de proveer cierto tipo de producto con ciertas características, éste debería incluír además meta-información que permita al usuario potencial decidir si desea y puede o no utilizarlo.
Además de estas guías generales, es interesante (aunque difícil) conocer los instrumentos de evaluación y generación utilizados por instituciones específicas. Un buen ejemplo es el conjunto de lineamientos en uso por los investigadores de LANIC (Latin American Network Information Center) de la Universidad de Texas en Austin (Norsworthy, 1997). Estos lineamientos fueron originalmente preparados por el Asistente Técnico de LANIC, quien también se ha encargado de revisarlos periódicamente para asegurar su relevancia continuada.
Concluímos entonces que, afortunadamente, otros ya han recorrido buena parte del camino hacia la definición de calidad, facilitando nuestra tarea. Resta decidir si podemos adaptar esas experiencias, eminentemente norteamericanas, a nuestras necesidades e idiosincracias latinoamericanas. El resto de este trabajo tiene como objetivo presentar, de manera general, los factores que influyen sobre la creación de un producto de calidad para Internet, especialmente desde el punto de vista del usuario. Por supuesto, el primer punto a discutir debería ser: qué factores faltan en la lista, cuáles sobran, y porqué? Así que como punto de partida para nuestra discusión, he aquí la lista que propongo:
Diez Consideraciones Cruciales para Conseguir la Calidad en Internet:
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1. Coordinación
Todo producto de Internet empieza con algún nivel de planificación. No me parece posible una planificación exhaustiva, porque estamos en un medio de constante cambio: cambios en la tecnología, cambios en la cultura, cambios en las necesidades del usuario, etc. La etapa de planificación ayuda a enfocar el proyecto, previniendo al menos algunos de los factores esperados que irán variando y su efecto sobre los objetivos que se persiguen (Siegel, 1997). Algunas de las preguntas a discutir son:
Qué tipo de producto o de servicio se desea dar? Porqué?
Existen ya productos similares en Internet? Qué nos diferenciará
de ellos?
Cuál es la audiencia esperada? Cómo se atraerán y
retendrán los usuarios?
Con qué recursos financieros contamos?
Cuál es la fecha esperada de implementación del proyecto?
Cómo se medirá el éxito del proyecto?
Y sobre todo:
Quién estará a cargo del proyecto?
Del coordinador o coordinadora depende mantener la visión global del proyecto. Esta persona tendrá que facilitar la cooperación entre los técnicos en computación y el equipo que desarrolla el contenido (diseñadores gráficos, editores, etc.) de modo que se pueda crear un producto que sirva a los usuarios.
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2. Continuidad
Muchos productos de Internet empiezan como una buena idea, un impulso, una iniciativa de un grupo o alguna persona bien intencionada—y con el tiempo, son abandonados por falta de tiempo, interés, o recursos para mantener su funcionamiento. Un buen producto de Internet debe mantenerse actualizado, o al menos, debe notarse que el producto tiene continuidad, que existe una preocupación continua por parte de sus creadores.
En las páginas de Web o servidores FTP (ver sección 3.1, Formato), la continuidad se nota en pequeños pero importantes detalles, como lo son:
Se indicar claramente la fecha de la última actualización?
Se listan los cambios y la fecha en que fueron efectuados?
Si el producto se movió a otro servidor o dirección, o cambió
de nombre, se registraron estos cambios en los directorios pertinentes,
y se dan indicaciones al usuario para encontrarlo?
En el caso de listas de correo, no es común que éstas cambien nombre o servidor, aunque si se diera el caso, es relativamente sencillo enviar un aviso a los suscriptores activos y agregar una nota en la correspondiente página de Web. Lo que sí sucede con frecuencia es que el interés en la lista puede decaer, lo cual se refleja en la disminución de suscriptores y/o mensajes enviados a la lista. En estos casos el administrador puede intervenir, enviando un mensaje que estimule la discusión. En mi experiencia, toda lista se beneficia de la intervención oportuna de su administrador, ya sea para reavivarla o para calmar los ánimos en discusiones candentes.
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Esta sección contiene una introducción a los aspectos que deben tomarse en cuenta para planificar el contenido de un producto de información en Internet. Primero, listo los formatos más comunes, y luego, discuto los tipos de información que pueden presentarse. En esa segunda sección me refiero principalmente a productos en Web, debido a que este es el formato más versátil para presentar diversos tipos de información.
3.1 Formato.
En primer lugar, veamos los formatos que podemos usar para montar productos
de información en Internet:
Gopher: un protocolo de navegación en ambientes tipo caracter. Sumamente popular hace 3 años, pero prácticamente ha caído en desuso a raíz de la introducción del World Wide Web y sus browsers.
FTP (File Transfer Protocol): permite la transferencia de archivos, y por lo tanto se usa para brindar acceso a archivos masivos de datos o programas, en cualquier formato.
Telnet: permite usar remotamente un sistema. Muchas bibliotecas en Estados Unidos proveen acceso vía Telnet a sus catálogos, aunque existe una fuerte tendencia de migrar hacia interfaces en Web.
Email (correo electrónico): es posible montar servicios basados en el correo electrónico, como listas de correo o servicios de diseminación selectiva de información.
Grupos de discusión: discusiones asincrónicas usando un formato de "bulletin boards", por ejemplo, los miles de grupos de interés accesibles a través de Usenet.
Chats: a través de interfaces tipo caracter y/o gráficos, pueden llevarse a cabo conversaciones y foros en tiempo real.
World Wide Web (HTTP, "Hyper Text Transfer Protocol"): protocolo que soporta todos los protocolos anteriores. Por esto, los browsers de Web se han vuelto el interfase standard de comunicación en Internet, lo cual ha contribuído enormemente a popularizar el Internet como medio de información.
Con la excepción del Gopher, que ha sido reemplazado casi totalmente por el Web, cada protocolo tiene un uso potencial, dependiendo del tipo de información que desee comunicarse. Los servicios de información más comunes constan de una página o grupo de páginas ("website") y/o tienen algún tipo de información sobre su funcionamiento (como en el caso de las listas de correo) en Web. Sin embargo, la flexibilidad de la tecnología permite usar diferentes formatos para montar un producto de información. Así, por ejemplo, LANIC combina páginas de Web con el Gopher original, más una lista de correo (LASNET) y un servicio de web browsing vía correo electrónico.
3.2 Información.
Pasemos ahora a los tipos de información que puede contener
un producto en Internet, especialmente en el formato de Web. Dividiremos
el universo de productos informativos en dos grandes grupos: los que contienen
información primaria, y los que proveen un servicio de directorio
o navegación externa (el equivalente a herramientas de referencia.)
3.2.1 Servicio de navegación. Aquí incluímos todos aquellos productos cuyo contenido consta principalmente de recomendaciones o links hacia otros productos de información. Un ejemplo de este tipo de producto es el directorio por países y temas que mantiene LANIC, y cuyo único contenido lo constituyen links a otros productos de información.
Estos productos se parecen más a bibliografías o a catálogos de recursos, ya que listan, describen y quizás incluso evalúan y recomiendan sitios en Web, listas de correo, y otros servicios de información en Internet. Tradicionalmente, la selección de materiales y la orientación al lector han sido funciones esenciales en toda biblioteca, y por ello nos encontramos ahora con bibliotecarios que desean crear directorios de recursos valiosos para sus usuarios. La misma idea existe en el ámbito comercial, aunque allí el proceso de selección es menos estricto y se cubre una amplia gama de temas.
Pueden seguirse varias estrategias para localizar recursos a incluír en este tipo de producto:
1. La primera es navegando por la red, iendo de servicio en servicio, y evaluando la información que se encuentra en cada uno. Para hacer esto se recomienda empezar en websites, listas de correo, y grupos de discusión de calidad confiable, ya que estos generalmente apuntarán a otros recursos de calidad. Navegar a través de Internet desde estos puntos de partida es quizás la opción más sencilla, pero también la que más tiempo consume. Por otro lado, puede ser la única manera de encontrar un recurso que pocas personas han visto antes.
2. La segunda posibilidad es basarse en materiales publicados por fuentes "tradicionales". Por ejemplo, la revista Choice es reconocida por sus evaluaciones de materiales académicos. Con su suplemento especial de verano de 1997, esta revista inició una nueva serie de evaluaciones de sitios en Internet. También pueden encontrarse reseñas de sitios valiosos en publicaciones que están en la misma Internet, como por ejemplo el Internet Scout Project producido por el InterNIC (Internet Network Information Center.)
3. Una tercera opción es utilizar los directorios y los search engines ("motores de búsqueda") disponibles en Web, como lo son AltaVista, InfoSeek, INFOMINE, Argus Clearinghouse, etc. Para hacer un uso eficiente de estas herramientas es necesario invertir un poco de tiempo en aprender las idiosincracias de cada sistema. Un excelente resumen de las estrategias de búsqueda y del valor relativo de cada uno de estos servicios se encuentra en la página de Web de Hope Tillmann (1997).
4. Finalmente, puede ser muy útil investigar productos sugeridos por los mismos usuarios de nuestro directorio.
3.2.2 Información Primaria. Aquí agrupamos a todos los productos que contienen información sustancial sobre uno o varios temas. Algunos ejemplos son: el website de un periódico en texto completo, el archivo de una lista de discusión disponible vía FTP, y el catálogo de una biblioteca. Si la información que se desea colocar en Internet no está en alguno de los formatos adecuados, será necesario transformarla, ó asegurarse que el usuario pueda transferirla y procesarla de alguna manera. Para ello existen estas opciones:
1. Convertir la información al formato deseado, que en general será texto o HTML (HyperText Markup Language) para su acceso vía Web. Vea el Tutorial de HTML para una introducción, y la página de un proveedor argentino, Cursos de Internet y HTML Online, que lista varios recursos en español- los cuales son muy escasos.)
Aunque es posible agregar los códigos de HTML a un texto en forma manual, es preferible usar una herramienta automática.Por ejemplo, los editores de palabras y hojas electrónicas modernos permiten guardar textos y tablas en formato HTML. También pueden usarse programas de conversión (véase la página sobre Translators & Editors de la Universidad de Texas, que se mantiene actualizada.)
2. Frecuentemente, la información está almacenada en sistemas de bases de datos cuyo contenido cambia constantemente, de manera que no tendría sentido convertirla totalmente a formato HTML. Lo que se hace en estos casos es colocar un programa intermediario que encuentre la información deseada en la base de datos, que la convierta a otro formato, y que la envíe al servidor de Web, por ejemplo. Este tema es sumamente importante, pero es imposible hacerle justicia en este trabajo. Le recomiendo dos libros relacionados: Patricia Ju (1997) presenta una introducción a la problemática de trasladar bases de datos para su acceso en Web, mientras que Philip Greenspun (1997) dirige su texto a programadores, analistas, y administradores interesados en los detalles técnicos que hacen posible implementar el acceso a información a través del Web. A pesar de su contenido técnico, recomiendo altamente este libro, pues está escrito en forma amena y narra las experiencias reales del autor.
3. Dejar la información en su formato original o convertirla a un formato que pueda ser presentado a través del browser vía aplicaciones auxiliares o plugins, como la distribuída por Adobe para desplegar archivos en formato PDF directamente en el browser.
4. Dejar cualquier archivo en su formato original, permitiendo al usuario que lo copie y ejecute, o que lo utilice de alguna manera en su máquina local. Por ejemplo, un archivo en Microsoft Word no puede ser desplegado usando Netscape, pero sí puede copiarse a la máquina del usuario, y una vez allí, puede abrirse con Word.
Para decidir qué opción se desea usar, es indispensable considerar primero las necesidades del usuario, y segundo, las posibilidades técnicas. Por ello, hay que colaborar muy de cerca con el experto en sistemas. Esta persona recomendará el tipo de formato de datos que llene los requerimientos de rendimiento y funcionalidad deseadas, y además se encargará de la conversión en sí, que puede ser mucho más complicada de lo que se podría esperar a primera vista.
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La forma en que se presenta la información es sumamente importante. Pocas personas estarían dispuestas a leer un libro impreso en tipo pequeñísimo y muy largo y tendido, y difícil. Causa enojo encontrarse con un libro mal compaginado, o al cual le faltan páginas, o cuyo margen interior está tan apretado que es imposible leer completas las oraciones. De igual manera, pocos usuarios acudirán dos veces a un website mal diseñado. Otra consideración importante es la interactividad del producto, es decir, qué tan fácil es para el usuario decidir qué parte del producto desea utilizar en un momento dado, y qué retroalimentación recibe del producto.
Afortunadamente, existen buenas guías de diseño, tanto impresas como en el mismo Internet (Guide to Web Style de Sun Microsystems (Levine, 1996), el Yale Web Style Manual,el sitio sobre Web Design (Richmond & Richmond, 1997), e incluso, un manual para crear las peores páginas: "Webpages-that-suck" de Flanders, 1996.) Aquí listo algunas de las recomendaciones básicas, refiriéndome más que todo de productos en Web, aunque algunos de los mismos principios también se aplican a otros formatos de servicios:
Parte de las decisiones de diseño involucrarán formas novedosas de presentar información y de interactuar con el usuario, por ejemplo, el uso de rutinas en Java Script, "cgis" para procesar formas, o VRML (Virtual Reality Modeling Language). Estas deben evaluarse vis a vis el nivel de sofisticación y posibilidades técnicas de los usuarios. Para mayores detalles técnicos, vea el Web Developers’ Virtual Library para información técnica actualizada,. En la página de Olé llamada "Internet: Formación" y la página de México Web Guide llamada "Cursos y Tutoriales" encontrará recursos relacionados en idioma español.
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El funcionamiento del producto, de pantalla en pantalla, debe ser consistente. Por ejemplo, los botones de navegación y de búsqueda deberían ser los mismos en todo el site, apareciendo en los mismos lugares en cada pantalla. Es recomendable realizar estudios de "usabilidad" del producto que pueden revelar problemas de claridad y consistencia. Aunque esta área de estudio apenas empieza a investigar los productos de Internet, ya existen algunas publicaciones que pueden servir de guía (vea ACM SIG CHI).
Además, la información misma debe ser consistente: el contenido no debe ser contradictorio sino que formar un todo coherente. De acuerdo con Harris (1997), las siguientes condiciones indican que la información puede estar incorrecta y por lo tanto delatan inconsistencias:
- No se indica la fecha de creación del documento
- Se hacen generalizaciones vagas o muy amplias
- A pesar de que ese tipo de información cambia constantemente,
se nota que no ha sido actualizada en mucho tiempo
- Se presenta un punto de vista no balanceado, o que no reconoce que existen
opiniones diferentes
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Las consideraciones técnicas son obviamente de suma importancia en la creción de productos de Internet, ya que impactan la eficiencia con que podemos servir al usuario. Una de las preocupaciones básicas en este sentido es que el producto debe tener un buen tiempo de respuesta. Para lograrlo, hay que tomar en cuenta varios factores de rendimiento. En cuanto al computador, estos factores son (Herringshaw, p. 53):
La computadora: si su sistema está lento, podría deberse a que la máquina necesita un upgrade de memoria. También es recomendable que esta máquina sea dedicada a una sóla aplicación, sobre todo si tiene mucha carga.
Servidor: El tipo de software que se usa para manejar el producto también influye en la velocidad con que la información pueda ser desplegada al usuario. Por ejemplo, las bases de datos relacionales suelen ser relativamente lentas, lo cual puede impactar la rapidez del producto a pesar de que la red y la computadora sean sumamente rápidas. Pero la pieza clave en todo producto de Internet es el server que se usa para implementar el producto, ya sea un web server, ftp server, mail server, etc. El encargado de sistemas es quien deberá decidir qué tipo y versión de sistema instalará.
Optimización del contenido: Como regla general, debe mantenerse al mínimo el tamaño de cualquier archivo transferido por Web. Esto es especialmente importante en el caso de imágenes, que pueden reducirse usando los métodos gráficos adecuados al 10% o menos de su tamaño original. Además, de ser posible, es preferible partir una imagen grande en varias imágenes pequeñas, ya que estas son procesadas más fácilmente.
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La velocidad de acceso al servidor dependerá del tipo de conexión a Internet con que se cuente. Además, el ancho de banda de salida del servidor dictará cuántas conexiones se pueden manejar por segundo. En general, puede decirse que a mayor ancho de banda, mejor tiempo de respuesta—aunque todo depende de las conexiones subsiguientes, es decir, cómo está conectado su proveedor de Internet al próximo proveedor, y también, cómo está conectado su usuario final a la red (modem, cable modem, conexión directa, etc.)
La situación de las comunicaciones cambia constantemente, sobre todo en América Latina. Para encontrar referencias actualizadas, consulte la excelente página que mantiene LANIC, Network and Information Services.
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Internet, a pesar de su relativa corta edad, abunda ya en mitos y leyendas. Por ejemplo, nos encontramos con falsas peticiones de ayuda, como las que llevan años circulando a nombre de Craig Shergold, o la de Jessica Mydek. También se dan problemas de abuso, como los intentos de fraude basados en el famoso esquema de la pirámide (ahora trasladada al medio del correo electrónico), y situaciones donde el spamming (envío descontrolado de email publicitario no solicitado) causa descontento e incluso gastos innecesarios a millones de usuarios cada día. Otro ejemplo es el famoso caso del supuesto virus llamado Good Times y sus derivados. Aquí, la página del Computer Incident Advisory Capability, una dependencia del gobierno federal de Estados Unidos, es considerada una fuente autoritativa. Ciertas empresas, como Symantec y McAfee Associates son consideradas fuentes autoritativas, debido a que son entidades establecidas y conocidas dentro y fuera de Internet y que proveen información de alta credibilidad sobre la verdad de los virus en Internet.
En pocas palabras, Internet refleja el mundo real: allí, no toda la información tiene validez, ni es exacta, ni bien intencionada. Por lo tanto, una de nuestras preocupaciones al crear productos que reflejen la credibilidad del producto. De acuerdo con Harris (1997) la credibilidad sufre si la información fue publicada en forma anónima, si otras personas opinan que la información no es válida, y si contiene muchas faltas gramaticales o de ortografía. Tradicionalmente, estos y otros criterios similares se han hecho valer:
Autores conocidos: indicar claramente quiénes son los autores del producto y cuáles son sus credenciales (otras publicaciones, experiencias, afiliación a organizaciones conocidas, etc.)
Documentación: listar documentación que respalda el contenido del producto.
Evaluaciones recibidas: citar reseñas positivas del producto
Políticas de publicación: si el contenido del website está siendo creado en forma distribuída, por ejemplo, por varios departamentos académicos en una universidad, es importante dar a conocer las políticas que rigen el contenido que se considera aceptable. Deben existir guías para el diseño, presentación de la información etc.
Y también hay algunos criterios no tan tradicionales:
Feedback recibido: listar comentarios recibidos de los mismos usuarios, adjuntando respuestas y/o acciones tomadas a partir de sus sugerencias.
Políticas de uso del servicio: desde un inicio, un usuario debe saber qué derechos y responsabilidades tiene al usar el servicio. Por ejemplo, en el caso de un directorio de direcciones de email, es común que las políticas de uso aceptable excluyan la copia de direcciones para crear listas de spam. Esto, para los usuarios que están considerando inscribirse en el directorio, es una muestra de la credibilidad del servicio.
Continuidad (otra vez!): El Scout Report publicado por InterNIC es una de las publicaciones de mayor credibilidad en Internet, en parte porque se ha publicado semanalmente en los últimos tres años.
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Desde un inicio es importante saber con qué recursos financieros se cuenta para lanzar un producto. Y no sólo a corto plazo, pues como vimos, la continuidad de un producto determina su aceptación y por lo tanto su calidad. Gran parte de la preocupación actual con los servicios de Web es que es realmente difícil (pero no imposible) obtener ganancias vendiendo información o vendiendo espacios para anunciarse. Aún así, montar un servicio a través de Internet es relativamente más barato y sencillo que los medios tradicionales, tanto para individuos como para empresas u organizaciones de todo tamaño.
Además de beneficios monetarios, existen beneficios quizás intangibles pero igualmente importantes. Uno es simplemente ganar experiencia en un nuevo medio. Dos, es importante empezar a construír una presencia en Internet, ya que cada día es más popular. Y otro beneficio es que a través de Internet podrían encontrarse oportunidades insospechadas, por ejemplo, para cooperar con otras instituciones del otro lado del mundo.
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Como hemos visto en las secciones anteriores, todo producto de Internet debe estar enfocado en sus usuarios. Obviamente, para mejorar y planificar el producto es importante conocer quiénes son esos usuarios y qué necesidades tienen. Pero lo más interesante es la posibilidad de llegar a crear una comunidad de usuarios alrededor de un producto o productos de información.
10.1 Conociendo al usuario. Para la etapa de planificación inicial, podemos crear perfiles de usuarios potenciales. Por ejemplo, para un website sobre la administración de recursos humanos en México, tres posibles tipos de usuario podrían ser:
En base a cada perfil, se procede a discutir qué tipo de información sería valiosa para ese tipo de usuario.
Ya en operación, el servicio puede requerir que todo usuario se registre y proporcione ciertos datos personales (posiblemente en forma anónima), como su edad, lugar donde se encuentra, idioma materno, profesión, y el tipo de información que le interesa. Esto hace posible el llevar registros de las páginas visitadas por cada usuario, situación que debe manejarse con mucho tacto, evitando atar la información personal con las estadísticas de visita, y/o garantizando la confidencialidad de toda la información recolectada. También pueden llevarse a cabo encuestas para definir los intereses de los usuarios, siempre y cuando se especifique claramente para qué fines se usará esa información. Una posibilidad es usar esa información para ofrecer productos personalizados a cada individuo, como por ejemplo, envío diario de noticias más relevantes sobre los temas que les interesan.
Los perfiles también ayudan a adecuar el sistema a las necesidades técnicas de los usuarios. Por ejemplo, si notamos que el 90% de usuarios entran desde América Latina, podremos asumir que sus velocidades de transmisión son más lentas que las de nuestros usuarios locales, y trataríamos de adecuar el producto. O, si 90% de usuarios entran desde Estados Unidos, podríamos considerar el tener un interfase en inglés.
10.2 Creación de una Comunidad. Los usuarios de un producto de Internet probablemente no estarán geográficamente contiguos, ni hablarán el mismo idioma materno. Cada uno de ellos tendrá diferentes intereses, pero en relación a este producto, su interés le une a otros usuarios similares. Es interesante investigar el tipo de comunidad que se ha formado alrededor del servicio, pero también es importante proveer herramientas para que esa comunidad se consolide. Existen varios mecanismos para lograrlo:
Por lo tanto, si sus creadores lo permiten, el producto de información podrá crecer y cambiar de acuerdo a las características y necesidades de sus usuarios.
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Internet es un mundo poco regulado, donde se cuenta con gran libertad de expresión. Esta libertad, opinan muchos, es justamente la que ha causado una inundación de productos de información supuestamente mediocres (véase Ciolek (1996) para una visión particularmente sombría al respecto.) Sin embargo, esta libertad también es la que nos permite diseminar cualquier tipo de información y a la vez, nos exige más que nunca desarrollar nuestras habilidad críticas para discernir entre lo bueno y lo malo.
Por un lado, podemos decir que la calidad de un producto de información se debe a la interacción entre los factores enumerados en este trabajo. En qué medida influya cada factor dependerá del tipo de producto y de su audiencia, y sobre todo, dependerá finalmente del uso que el usuario final desee hacer de ese producto.
Y por otro lado, la calidad tendrá que ser evaluada por el usuario final del producto de información. Para concluír, he aquí una anécdota relacionada, según fue contada por un librero argentino, Héctor Yánover (p. 187)
Me llama por teléfono un comentarista de libros de una revista
de gran venta.
- Estoy leyendo cuentos de O'Henry y me gustan. Está bien?
- Sí, muy bien, es un gran cuentista norteamericano.
- Qué bárbaro! Me dí cuenta sólo.
Esa capacidad de evaluar la información y darnos cuenta sólos es la que todos deberíamos aspirar a desarrollar.
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©Grete Pasch, 1997